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Aquí podrás leer artículos importantes sobre problemas dentales comunes y como tratarlos, también escribimos sobre medicina estética.

Se me están desgastando los dientes: por qué se acortan y se vuelven transparentes

Te haces una foto de cerca, o te miras al espejo con buena luz, y hay algo distinto. Los dientes de delante se ven más cortos que antes y el borde se ha vuelto ligeramente transparente, casi como si la punta fuera de cristal. Puede que lo que hayas notado sea otra cosa: que los colmillos han perdido el pico, que la sonrisa parece más plana o que hay una pequeña muesca en la zona donde el diente se junta con la encía.

a close up of a person's mouth

El desgaste dental es uno de esos cambios que se instalan tan despacio que resultan casi invisibles. No duele, no sangra y no hay un día concreto en el que ocurra nada. Simplemente, con el tiempo, la boca ya no es la que era y cuesta explicar por qué. En Clínica Escanilla & Casal (escanillacasal.com), en Mollet del Vallès, es un motivo de consulta que suele llegar tarde precisamente por eso. Y conviene decir una cosa desde el principio: el esmalte que se pierde no se regenera. Por eso lo importante no es solo reconstruir lo que falta, sino identificar qué lo está gastando.

Qué es exactamente el desgaste dental

El esmalte es la capa más externa del diente y el tejido más duro del cuerpo, pero tiene una particularidad: no está vivo. No se repara solo como hace la piel ni se renueva como el hueso. Cuando se pierde una capa, se ha perdido para siempre.

Debajo del esmalte está la dentina, que es más amarillenta, más blanda y está conectada con el nervio del diente a través de miles de microtúbulos. Esto explica dos de las señales más típicas del desgaste: los dientes se ven más oscuros o más amarillos a medida que se adelgaza el esmalte, y empiezan a molestar con el frío o con lo dulce. Si has notado ese latigazo al beber algo helado, merece la pena entender de dónde viene la sensibilidad dental y qué la provoca, porque muchas veces es el primer aviso de que se está perdiendo estructura.

Las tres causas del desgaste (y casi nunca viene una sola)

Hablamos de desgaste como si fuera un único problema, pero en realidad hay tres mecanismos distintos. Distinguirlos es lo que marca la diferencia, porque cada uno se aborda de una forma.

Atrición: diente contra diente

Es el desgaste que produce el propio contacto entre las piezas al apretar o rechinar, sobre todo durante la noche. Se reconoce porque las superficies quedan planas y pulidas, con facetas que encajan exactamente con las del diente de enfrente. Los incisivos pierden altura de forma horizontal y los colmillos se quedan sin punta.

Quien aprieta rara vez lo sabe, porque ocurre dormido. Las pistas suelen ser indirectas: despertarse con la mandíbula cargada, dolor de cabeza en las sienes al levantarse, la lengua con marcas de los dientes en los bordes o un acompañante que oye el ruido. Cuando además aparecen chasquidos o molestias en la articulación, conviene revisar el conjunto, porque el apretamiento y la articulación van de la mano: lo explicamos en detalle en el artículo sobre el chasquido de la mandíbula al abrir la boca.

Erosión: el ácido que disuelve el esmalte

Aquí no hay fricción, hay química. El esmalte empieza a desmineralizarse cuando la boca baja de un determinado nivel de acidez, y eso puede venir de fuera o de dentro.

  • De fuera: refrescos (incluidos los sin azúcar), bebidas isotónicas, zumos de cítricos, vinagre, infusiones de frutas, vino. No es tanto la cantidad como la frecuencia y la forma: ir dando sorbos a lo largo de toda la tarde mantiene la boca ácida durante horas.
  • De dentro: el reflujo gastroesofágico, las digestiones con regurgitación frecuente o los vómitos repetidos llevan ácido del estómago a la boca. En estos casos el desgaste se concentra en la cara interna de los dientes de arriba, una zona que el paciente no se ve al mirarse al espejo.

La erosión tiene un aspecto muy característico: el esmalte se vuelve brillante y liso, los bordes de los incisivos se transparentan y en las muelas aparecen como pequeños cráteres redondeados donde antes había relieve.

Abrasión: el roce de algo externo

Es el desgaste que provoca un cuerpo ajeno al diente, y el sospechoso habitual es el cepillado con demasiada fuerza, con un cepillo duro o con movimientos horizontales de sierra. Deja una muesca en forma de cuña justo en el cuello del diente, en el límite con la encía. También lo causan hábitos como morder bolígrafos, abrir cosas con los dientes o sujetar objetos entre ellos.

La abrasión y la retracción gingival suelen aparecer juntas, porque el mismo gesto que gasta el cuello del diente empuja la encía hacia abajo. Si te ves los dientes más largos por arriba y más gastados por abajo, la explicación probablemente esté en por qué se retraen las encías.

El factor que lo multiplica todo: la saliva

La saliva es el sistema de defensa natural del esmalte. Neutraliza los ácidos, arrastra restos y aporta minerales que reparan las primeras fases de la desmineralización. Cuando falta, cualquiera de los tres mecanismos anteriores avanza mucho más rápido.

Por eso el desgaste se acelera en personas con la boca seca por medicación, por respiración bucal nocturna o por otras causas médicas. Si es tu caso, te interesa saber qué es la xerostomía y qué le hace a los dientes, porque tratarla es parte del tratamiento del desgaste.

Señales para detectarlo antes de que sea evidente

  • Los bordes de los incisivos se ven grisáceos o translúcidos al trasluz.
  • Los dientes parecen más cortos o la sonrisa, más plana.
  • Los empastes antiguos sobresalen ligeramente, porque el diente de alrededor se ha gastado y ellos no.
  • Molestias con el frío, el calor o lo dulce que van a más.
  • Mandíbula cargada o dolor en las sienes al despertar.
  • Pequeñas muescas en el cuello de los dientes que enganchan la uña.
  • Los dientes de abajo empiezan a montarse o cambia la forma de encajar la mordida.

Qué ocurre si no se frena

Mientras el desgaste se queda en el esmalte, el diente aguanta bien. El problema llega cuando alcanza la dentina, que es entre cuatro y siete veces más blanda: a partir de ahí el proceso se acelera y lo que tardó quince años en aparecer puede empeorar de forma notable en dos o tres.

Las consecuencias no son solo estéticas. Al perder altura las piezas, la mordida se cierra, la musculatura y la articulación trabajan en una posición distinta y aumenta el riesgo de fisuras y de fracturas. Reconstruir una boca desgastada en fase inicial no tiene nada que ver, ni en complejidad ni en tiempo, con rehabilitar una en la que ya se ha perdido la dimensión de la mordida.

Cómo se aborda el desgaste dental

1. Diagnosticar la causa

Es el paso que no se puede saltar. Reconstruir un diente sin quitar lo que lo está gastando garantiza que el nuevo material vuelva a romperse. En consulta se valora el patrón del desgaste, la mordida, la articulación, los hábitos, la alimentación y los antecedentes médicos, y se toman registros para comparar la evolución en revisiones posteriores. Todo parte de una valoración clínica individualizada.

2. Detener el proceso

Según el origen, el plan puede incluir una férula de descarga hecha a medida para amortiguar la carga nocturna, ajustes en la técnica de cepillado y en el tipo de cepillo, pautas para reordenar el consumo de bebidas ácidas, derivación al médico digestivo cuando se sospecha reflujo o medidas para mejorar el flujo de saliva. Suelen combinarse varias, porque las causas también van combinadas.

3. Reconstruir lo perdido

Cuando el desgaste ya ha comprometido la forma o la función, se recupera la anatomía del diente con técnicas que van desde las reconstrucciones directas con composite hasta las restauraciones cerámicas, según la cantidad de estructura perdida y el estado de la mordida. La planificación se hace caso a caso y los resultados varían según cada paciente, su patrón de mordida y el control que se consiga de la causa de fondo.

Qué puedes hacer desde hoy

  • Cepilla con cerdas suaves y sin apretar: la fuerza no limpia más, solo gasta.
  • Después de algo ácido, enjuaga con agua y espera unos veinte o treinta minutos antes de cepillarte. El esmalte queda temporalmente reblandecido y cepillarlo en ese momento arrastra más material.
  • Concentra las bebidas ácidas en la comida en lugar de alargarlas toda la tarde.
  • Si te despiertas con la mandíbula tensa, coméntalo en la próxima revisión aunque no te duela nada.

En resumen

Unos dientes que se acortan, se transparentan o pierden su forma no están envejeciendo: están perdiendo esmalte por una causa concreta que se puede identificar. Cuanto antes se detecte, menos estructura hay que reponer y más sencillo resulta el tratamiento.

Si te has reconocido en alguna de las señales de este artículo, lo razonable es revisarlo con calma y ver en qué punto está. Pide tu cita de valoración en Clínica Escanilla & Casal, en Mollet del Vallès, y lo estudiamos contigo.

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