Llevas años con tu implante y nunca te ha dado un problema. Hasta que una mañana, al escupir después del cepillado, ves un hilo de sangre justo en esa zona. La encía se ve algo más roja de lo normal, quizá un poco hinchada, y notas una molestia rara al pasar el cepillo interproximal. Como no duele, lo dejas correr y esperas a la próxima revisión.
Esa es la secuencia más habitual y también la más traicionera, porque un implante avisa tarde y avisa mal. Un diente natural tiene nervio y ligamento: se queja, se vuelve sensible, molesta al morder. Un implante está anclado directamente al hueso y carece de ese sistema de alarma. Por eso la periimplantitis, la infección que afecta a los tejidos que rodean al implante, puede avanzar durante meses sin dar la cara y hacerse visible solo cuando ya se ha perdido soporte óseo.
En Clínica Escanilla & Casal (escanillacasal.com), en Mollet del Vallès, vemos con frecuencia pacientes que llegan preocupados porque «se les ha movido el implante» y descubren que el problema no empezó ese mes, sino bastante antes, en una encía que sangraba y a la que nadie dio importancia.
Un implante no se caría, pero la encía que lo rodea sí se infecta
El titanio no tiene esmalte ni dentina, así que un implante nunca va a desarrollar una caries. Esa es la buena noticia y, a la vez, el origen de un malentendido muy extendido: mucha gente asume que, una vez colocado, el implante ya no necesita cuidados especiales.
La realidad es distinta. Alrededor del implante hay encía, hay hueso y hay bacterias, exactamente igual que alrededor de un diente natural. Si la placa bacteriana se acumula en el margen de la encía y no se retira a diario, aparece inflamación. Y la inflamación mantenida en el tiempo termina afectando al hueso que sujeta el implante.
Además, el tejido que rodea a un implante es más vulnerable que el que rodea a un diente. Un diente natural cuenta con el ligamento periodontal, una estructura muy vascularizada que aporta defensas y capacidad de reparación. El implante está unido al hueso por contacto directo, sin ese colchón biológico intermedio. Cuando la infección progresa, lo hace más rápido y con menos resistencia.
Mucositis y periimplantitis: la diferencia lo cambia todo
No toda encía inflamada alrededor de un implante significa lo mismo. Distinguir entre las dos situaciones es lo que marca el pronóstico.
Mucositis periimplantaria
Es la fase inicial. La encía está enrojecida, inflamada y sangra al cepillar o al sondar, pero el hueso todavía está intacto. Funciona de forma parecida a una gingivitis en un diente natural, y por eso comparte con ella la característica más importante: es reversible. Con una limpieza profesional adecuada y un cambio real en la higiene diaria, la encía vuelve a la normalidad. Si te interesa cómo se comporta este mismo proceso en tus dientes naturales, lo explicamos en detalle en este artículo sobre por qué sangran las encías al cepillarse.
Periimplantitis
Aquí la infección ha superado la encía y ha alcanzado el hueso. Se produce pérdida ósea alrededor del implante, visible en la radiografía, y aparecen bolsas profundas que la higiene doméstica ya no puede limpiar. La periimplantitis no se revierte sola: el hueso perdido no se recupera espontáneamente. Lo que sí se puede hacer, y se hace, es detener el proceso y estabilizar el implante antes de que la pérdida sea crítica.
El salto entre una situación y otra no está señalizado. Por eso el objetivo clínico es cazar el problema en la fase de mucositis, cuando todo tiene arreglo.
Señales que no conviene dejar pasar
- Sangrado al cepillar, al usar hilo o al pasar el cepillo interdental por la zona del implante.
- Encía enrojecida o hinchada justo en el margen de la corona.
- Sensación de presión o tirantez, sin dolor claro, al masticar por ese lado.
- Mal sabor o mal olor persistente localizado en una zona concreta de la boca.
- Supuración: una pequeña salida de pus al presionar la encía.
- La encía se retrae y empieza a verse el cuello metálico del implante o la unión con la corona.
- Movilidad del implante. Esta es la señal tardía: cuando un implante se mueve, la pérdida ósea suele ser ya muy avanzada.
Ninguna de las seis primeras duele. Esa es exactamente la razón por la que se ignoran.
Por qué aparece la periimplantitis
Casi nunca hay una sola causa. Suelen sumarse varios factores:
- Antecedentes de enfermedad periodontal. Es el factor de riesgo más importante. Quien ha perdido dientes por una infección de encías tiene un perfil bacteriano que puede volver a activarse alrededor del implante. Por eso el tratamiento de periodontitis debe estar controlado y estabilizado antes de colocar cualquier implante, y mantenerse después.
- Tabaco. Reduce el riego sanguíneo de la encía, enmascara el sangrado y dificulta la cicatrización.
- Higiene insuficiente en la zona. La corona sobre implante tiene una forma distinta a la de un diente y a menudo deja recovecos que el cepillo normal no alcanza.
- Prótesis mal adaptada o difícil de limpiar. Un diseño que no deja pasar los cepillos interproximales condena al paciente a acumular placa por mucho que se esfuerce. Este es un punto clave al planificar unas prótesis sobre implantes.
- Restos de cemento bajo la encía tras colocar la corona, que actúan como un imán para las bacterias.
- Diabetes descompensada u otras alteraciones sistémicas que reducen la respuesta inflamatoria.
- Sobrecarga por bruxismo o una mordida mal repartida, que suma estrés mecánico al biológico.
Cómo se diagnostica
El diagnóstico no se hace a ojo. Hacen falta tres cosas y ninguna es prescindible:
Sondaje periimplantario. Con una sonda milimetrada se mide la profundidad del surco alrededor del implante y se registra si hay sangrado o supuración. Es una exploración rápida e indolora.
Radiografía. Es lo que permite ver el nivel de hueso y compararlo con radiografías previas. Sin esa comparación no se puede saber si la pérdida está activa o si lleva años estable.
Revisión de la prótesis y de la higiene. Comprobar el ajuste de la corona, buscar restos de cemento y ver cómo limpia realmente el paciente esa zona. Muchas veces el hallazgo más útil aparece aquí.
Tratamiento: primero controlar, después reconstruir si procede
Fase no quirúrgica
Se retira la placa y el cálculo de la superficie del implante con instrumental específico que no raye el titanio, se descontamina la zona y, en algunos casos, se emplean antisépticos o antibióticos locales. Si la prótesis dificulta la limpieza, se modifica o se sustituye. En la mucositis, esta fase suele bastar para resolver el cuadro.
Fase quirúrgica
Cuando ya hay bolsas profundas y pérdida ósea, se accede quirúrgicamente para limpiar a fondo la superficie del implante. Según la forma del defecto óseo, se puede plantear una técnica regenerativa con biomateriales para recuperar parte del soporte perdido, un enfoque emparentado con el que se emplea en los casos de injerto óseo dental. En situaciones muy avanzadas, la opción más sensata puede ser retirar el implante, dejar cicatrizar y replantear la rehabilitación desde cero.
Después: mantenimiento de por vida
Un implante tratado necesita revisiones más frecuentes, normalmente cada tres o cuatro meses durante el primer periodo. No es una recomendación decorativa: es la parte del tratamiento que decide si el resultado se mantiene.
Cómo evitar llegar hasta aquí
- Limpia el margen de la encía todos los días, con cepillos interproximales del calibre correcto o irrigador. La zona crítica es justo donde la corona se encuentra con la encía.
- Acude a las revisiones y a los mantenimientos programados, aunque no notes nada. Precisamente porque no notas nada.
- Deja el tabaco, o al menos redúcelo, si tienes implantes.
- Trata cualquier sangrado, también el de tus dientes naturales: las bacterias no distinguen entre unos y otros.
- Si llevas un implante dental unitario o una rehabilitación completa, pide que te enseñen físicamente cómo limpiar tu caso concreto. Cada diseño tiene sus puntos ciegos.
Un implante bien cuidado dura décadas
La periimplantitis no es el destino inevitable de quien lleva implantes. Es el resultado de una inflamación que se mantuvo demasiado tiempo sin tratar, y la inmensa mayoría de los casos se detectan a tiempo si alguien mira la zona con una sonda y una radiografía al menos una vez al año.
Si has visto sangre al cepillarte cerca de un implante, si notas la encía hinchada o simplemente hace más de un año que no revisas tus implantes, no esperes a que aparezca el dolor, porque puede que no aparezca nunca. Pide tu valoración en Clínica Escanilla & Casal, en Mollet del Vallès y comprobamos en la misma visita en qué estado están tus encías y tu hueso.


